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Flamenco de etnia y tradición – Proyecto artístico de Miguel Reyes

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Barbara Martin y Yinca Graves: las jóvenes mezclan bien y brillan en Candela con la comnpañía magistral de el Cancu y Kilino Jiménez.

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Suma Flamenca celebra su décimo aniversario.

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La antigua peña Chaquetón, fundada en el año 1982  aproximadamente por Miguel Candela, como cariñosamente le llamábamos, no sería tanto suficiente, como para abarcar todo lo que en aquella época se estaba cociendo en Madrid. Miguel convencido, decide abandonar la peña, nace su Candela, el Candela de todos. Primero como lugar de encuentro, de guitarristas en especial, es por eso que automáticamente, pasa a manos de todos los Flamencos en general antes incluso que al público no flamenco.

Cantaores, bailaores, guitarristas, músicos, poetas, escritores, periodistas, y gente de la artes de Madrid, y España de aquella época, se encuentran como en su casa. Se crea una amistad entre todos casi fraternal. Miguel derrochando su savia inconfundible, su  arte andaluz, es el culpable justo de su creciente parroquia de acólitos en este fenómeno que perdura desde hace treinta y dos años. No existe un lugar en toda España de más importancia, en la nueva generación del flamenco que Candela. Pronto se convierte en la principal referencia del Flamenco y sus intérpretes y artistas que buscan allí un remanso de flamencura que penetra por los poros cuando es bien interpretado.

En Candela se ha creado música, se ha ensayado, ha salido toda la savia de entonces. Sus famosas juergas nocturnas, y encuentros entre grandes y pequeños artistas, son míticos en la historia del flamenco. Noches que serían para escribir enciclopedias. Esos factores dan lugar, en su momento, al nacimiento a un culto renovado al flamenco, basado en el respeto a todos sus ámbitos. Esto atrae a multitud de artistas y público, deseosos de ver lo que allí pasaba: Ruben Blades, Sade, Alicia Keys, Pina Bausch, Chick Corea, por citar algunos. También los nuestros: Morente, Camaron, Paco de Lucia, Sabicas, Chocolate, El Güito, Maria Maya, Pepe Habichuela, Tomatito, Antonio Canales, Juan Ramirez, y un sin fin de artistas forman esta constelación que allí frecuentaba y fecundaban este arte. Todas estas voces y manos, atronaron nuestros oídos allí en Candela.

Octavio Aguilera su actual director, puso en marcha la idea de dotar de contenido escénico a Candela, del que carecía oficialmente -porque bajo tierra, en la cueva, se han visto cosas que serían difíciles de explicar-. Puso en práctica la idea de programar actuaciones de artistas flamencos, recuperando una parte que faltaba, por la memoria y afecto que a todos toca respetar.

Camarón, Paco de Lucía, Enrique Morente, Pepe Habichuela, Gerardo Núñez, Ray Heredia, Antonio Canales, Javier Limón, Ketama, Sara Baras, Pedro Almodóvar, Pina Bausch, Miquel Barceló, la lista de genios y artistas que han gozado, reído y hecho gozar en la cueva del Candela, calle del Olmo, 2, barrio de Lavapiés de Madrid, es interminable.

El flamenco en Japón: entrevista con Mayuko Aoki

En Japón, el flamenco hace furor, y cada día son más los japoneses que aprenden la trilogía del flamenco (cante, toque y baile). Dicen que más de cincuenta mil japoneses lo estudian y lo aprenden con verdadero entusiasmo. Ciertamente, es una sorpresa para los amantes españoles de esta arte que tantos japoneses logren asimilar una o más de estas partes flamencas, así como que haya actualmente muchos bailaores, cantaores y guitarristas profesionales en Japón.

Es difícil saber cuando llegó el flamenco a Japón. Parece ser que fueron La Argentinita, en 1929, y Carlos Montoya, sobrino del gran Ramón Montoya, en 1932, los pioneros en la difusión del flamenco en el país del sol naciente. Estos contactos, junto con la llegada de los primeros discos de cante y de guitarra, permitieron que surgieran los primeros investigadores japoneses del flamenco, como Suzuko Kawakami (bailaora) o Shun Ogura (guitarrista). Desde 1937, se comenzó a vender discos flamencos de cante y guitarra.

¿Por qué a los japoneses les gusta tanto el flamenco?

Para esta pregunta  y otras más hablamos con Mayuko Aoki  que vive en Sevilla y estudia flamenco. La respuesta a esta pregunta, según ella es una de tipo musical y la otra se relaciona un poco con el carácter de los japoneses.

Ines: Como llegó el Flamenco a Japón?

Mayuko Aoki:   Principalmente el flamenco se introdujo en Japón  con la danza española. Dicen que la visita a Japón de “La Argentina” en 1929 fue la apertura. Antes de la segunda guerra mundial, había pocos bailaores, guitarristas, y los investigadores-eran Suzuko Kawakami (bailaora), Shun Ogura (guitarrista) etc…

En 1932, Carlos Montoya viajó a Japón. Desde 1937, se comenzaron a vender unos discos del cante y de guitarra. En los años de 1950, grupos españoles comenzaron a visitar Japón poco a poco, y alguna gente de Japón empezaron a entusiasmarse por el baile o la guitarra. Luego, ocurrió el auge de la guitarra y algunos se interesaron en la guitarra flamenca. Así, lentamente el flamenco se extendió en Japón. En la segunda mitad de los años 60, aparecieron unos tablaos en los que fueron apareciendo artistas españoles.

 

En Japón hay muchas academias, tiendas especializadas y tablaos del flamenco. No tengo datos correctos, pero que yo sepa, más o menos 100 academias, varias tiendas especializadas, y 10 tablaos en Japón (creo que hay más actualmente). En algunos tablaos salen artistas españoles, pero en la mayoría son los artistas japoneses los más numerosos. Se vende también una revista especializada en flamenco. Dicen que es la única revista del mundo. Es un poco cara, pero es que los lectores son muy limitados. Además de estos, hay dos federaciones del flamenco en Japón-una es para la gente en general y otra es para los universitarios a la que nosotros los estudiantes de la Universidad de Keio pertenecemos. Más de 10 universidades partenecen a esta federación.

I: Hablanos de la  Federación del flamenco Universitario

M: Esta federación se constituyó en marzo de 1995. Para mantenerla, cada miembro tiene que pagar una cuota al año. El objeto de la Federación del flamenco para los universitarios de Japón es “gozar del flamenco”. Los comisionados de cada universidad forman la comisión, y la administran. Reguralmente se publica el boletín y en cada verano se alojan juntos en la ciudad de Tateyama para entrenar intensivamente. Tateyama es una ciudad turística que desarrolla un “Plan Turístico al Estilo de la Europa Meridional”.

I: ¿Por qué a los japoneses les gustan tanto el flamenco?

M: Para esta pregunta, pienso que hay dos respuestas. Una es de tipo musical, y la otra es algo se relacionado un poco con el carácter de los japoneses.

En primer lugar, dicen que no hay extranjeros que entiendan el flamenco tanto como los japoneses. El flamenco tiene el compás oriental. Por eso, muchos japoneses se mueven inconscientemente al oir el compás del flamenco y se tranquilizan al modo de “mi”, que es el modelo típico del flamenco. La voz ronca de la melodía en tono menor son puntos comunes con el flamenco. La erusión de voz del flamenco es diferente que la de ópera occidental. La voz ronca es una peculiaridad también característica de las músicas orientales. Sí, pienso que ¡el flamenco tiene sangre oriental! En segundo lugar, el flamenco es un arte muy expresivo. Se puede expresar alegría, tristeza, y otras emociones con los movimientos de los manos, los brazos, el “zapateado” y también la voz ronca.
La mayoría de los japoneses son tímidos y poco expresivos y no exteriorizan bien sus emociones porque el espiritú de los japoneses se basa en la vergüenza. Antigua- mente avergonzarse o humillarse significaba tambien la muerte (el suicidio). Pero para bailar o aprender el flamenco, se necesita ser “expresivo”. Si no bailamos, cantamos o tocamos con emoción, no sale nada bien.

El flamenco no es para entender sino para sentir. Podemos expresar nuestros sentimientos que se esconden en el hondo de nuestro corazón. Por eso, el mundo del flamenco es un lugar muy especial para nosotros, un lugar donde podemos sentirnos libres para expresar nuestros sentimientos. Esa es una de las claves de por qué nos atrae tanto.

Muchos estudiantes vienen a España   para completar sus estudios. Por ello llamaban ‘Amor de Buda’ al famoso estudio de flamenco Amor de Dios.

Gracias al flamenco, los japoneses trabajan interiormente para ser “expresivos”. Así, expresan sus sentimientos. Por eso, el mundo del flamenco es un lugar muy especial para ellos, un lugar donde se pueden sentir libres. Esa es una de las claves de por qué les atrae tanto.

Este jueves tendremos la oportunidad de asistir a un tablao de flamenco japones en Candela. Calle olmo 2, Metro: Tirso de Molina.

José ‘El Escarpín’ taconea en Madrid por segunda vez

El bailaor murciano José ‘El Escarpín’, de 12 años, actúa los dias 9 y 10 de mayo  por segunda vez en  el Candela  donde presentará su espectáculo  ‘Delirios pa’ mi mare’, una producción en la que participan varios artistas y que cuenta con una puesta en escena impecable.
‘Delirios pa’mi mare’ es un montaje basado en la propia historia de José, un niño que en vez de jugar a la pelota con sus amigos se dedicaba a bailar y a tocar las palmas, lo que provocaba el enfado de su madre. Sin embargo, su padre siempre le apoyó y le acompaña hoy día sobre el escenario, junto a varios miembros más de su familia.
‘El Escarpín’, que saltó a la fama al convertirse en finalista del programa de televisión ‘Tú sí que vales’, empezó a mostrar interés por la música con solo seis años, y gracias a su facilidad para llevar el ritmo y el compás, y su empeño ha cosechado multitud de reconocimientos.
José tiene en su haber el primer premio de la categoría Artes Escénicas del programa ‘Veo veo’ de Teresa Rabal y el premio Melón de Oro en el Festival de Lo Ferro.
Pero la distinción más curiosa y también la más internacional es el Récord Guiness Mundial de taconeo, que consiguió con 814 tacones en un minuto, una cifra que aún nadie ha conseguido superar.
Este joven artista ha recorrido ya los mejores y más emblemáticos tablaos de España con su primer espectáculo, con gran éxito y aceptación de todo el público.
Sin embargo, José ‘El Escarpín’ tenía una segunda  cita pendiente con Madrid , donde por fin se encontrará con sus seguidores el viernes 9 y el sabado 10 de mayo en Candela.
La cita será a partir de las 23.00 horas en el Candela, dentro de la programación del mes de mayo.
Las entradas, a un precio de 15 euros, se pueden adquirir reservando por telefono y en el propio Candela una hora antes de la actuación.
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Vision turística del flamenco

Llanuras y pedregales, cerros y laderas, jaras y almendros… Andalucía es un crisol. Cuando los desfiladeros de Despeñaperros envían el primer haz de luz a los ojos ajenos, se refleja en ellos la negrura de lo infinito. Mas la diversidad ampara a esa oquedad.

Cavernarios, fenicios, griegos, romanos, árabes, cristianos y conversos han hollado las tierras del Sur de España. Y en su caminar han forjado la senda de una expresión propia: el flamenco.

Puede que el arte andaluz  feche su bautizo hace sólo dos siglos, como han querido señalar algunos expertos. Pero el cante, el toque y el baile son mucho más que el sentir de un pueblo ampliamente desperdigado por el  mundo y que sólo ha sido capaz de producir flamenco dentro de nuestros fielatos.

Los gitanos son responsables de una parte generosa del acervo musical andaluz, pero no son la pieza inmanente que justifica su existencia. Los “sonidos negros” de los que habló Lorca en referencia a Manuel Torre han sido paridos por la cultura de un pueblo con una historia peculiar. Son hijos del folclore, aunque, como todo buen descendiente, hayan sabido volar del nido para adquirir una identidad propia. No hay más que oír la trillera, sobre cuyo acento rítmico siempre encuentra sentido el cascabeleo de las mulas que otrora regían con su trabajo las tierras de las gañanías de Jerez, Utrera o Lebrija. ¿Y la toná? ¿Acaso no nace del pueblo el lamento sonoro de la calamidad que tantas ánforas modeló en Triana? Idem con la soleá, nacida del arrabal para buscar fortuna por Alcalá de Guadaira, Utrera, Cádiz… O con la seguiriya, esa queja que se aposentó sobre las gargantas del Planeta, el Fillo, Silverio, el Gordo o El Nitri mirando en cada postulado al martinente de las fraguas, la debla de la Cava, la carcelera y la cabal. A ver quién dice que no habita en el taranto sino la propia gente de Almería, o en el fandango sino la Tharsis alosnera, o en la cartagenera sino la retahíla murciana…

Cádiz se expresa por cantiñas; Málaga por jaberas, jabegotes y verdiales; Córdoba por zánganos y fandangos de Lucena; Granada por zambras, roas, granaínas y medias. Y por si no hubiera heterogeneidad, al otro lado del charco nos prestan la guajira, la milonga, la vidalita y la rumba para que luego Pepe Marchena se  invente la colombiana.

En efecto, Andalucía es  un crisol cuyo entendimiento campea más allá de bellotas y castañas, de jábejas y almadrabas. Una parte de su alma se edifica sobre melopeas cavernarias, fenicias, griegas, romanas, árabes, cristianas y conversas, ladrillos de una muralla musical a la que luego los gitanos le pusieron sus almenas: el quejío.

Candela

Flamencomatón: una historia visual del flamenco

 

En su intervención en el seminario La noche española. Flamenco, vanguardia y cultura popular, José Manuel Gamboa, escritor, crítico y productor de flamenco, realizó un recorrido por la historia del arte jondo partiendo del análisis de algunas de sus imágenes más representativas. Aunque las primeras manifestaciones de este arte están vinculadas al baile, según Gamboa, lo que conocemos hoy día como flamenco arranca en el momento en el que el cantaor y el guitarrista se liberan de su dependencia del baile y de la rítmica y comienzan a actuar en solitario. En este sentido, la primera imagen que presentó fue un grabado de El Planeta extraído del libro Escenas Andaluzas (1847) del escritor costumbrista Serafín Estébanez Calderón. Gran parte de lo que se sabe de este legendario cantaor (cuya existencia algunos estudiosos ponen en duda) procede de este libro en el que Estébanez asegura que El Planeta tocaba la guitarra a la vez que cantaba. No se conoce ni su nombre real, ni el lugar ni la fecha de su nacimiento. Y sobre el origen de su apodo se ha especulado que deriva de que en las letras de sus coplas había numerosas referencias cósmicas, aunque Gamboa cree que se debe a una razón mucho más terrenal: “en caló planeta significa candela (una palabra que tiene muchas connotaciones en el flamenco)”.

José Manuel Gamboa, autor de libros como Una historia del flamenco y Perico el del Lunar; un flamenco de antología, también mostró una imagen del modelo de guitarra que utilizaba El Planeta que fue descrita con precisión por Serafín Estébanez Calderón quien incluso llegó a aportar el nombre de su constructor: el maestro Martínez de Málaga. Después proyectó una ilustración de Gustavo Doré -incluida en el libro Viaje por España (escrito por Charles Davillier)- que refleja la importancia de los extranjeros en este primer desarrollo del flamenco, así como dos imágenes de Silverio Franconetti, “el auténtico padre de la criatura”, en palabras de Gamboa, “que murió en 1889, es decir, un siglo después de la toma de la Bastilla, lo que demuestra que el flamenco forma parte de la historia contemporánea”.

Al principio, Silverio Franconetti y otros artistas y empresarios organizaban espectáculos flamencos en los teatros en los que se programaba ópera italiana, pero cuando la coyuntura política lo impidió, decidieron crear unos locales específicos para el cante jondo: los café-cantantes. De las muchas fotografías que de estos establecimientos se conservan, José Manuel Gamboa ha escogido una en la que aparece una mujer guitarrista, Adela Cubas, acompañando a la bailaora jerezana La Macarrona y a El Mochuelo (uno de los cantaores que más grabaciones ha realizado en toda la historia del flamenco). Gamboa recordó que los cafés-cantantes jugaron un papel esencial en la confección del repertorio de este arte y que en ellos volvió a unirse la guitarra, el cante y el baile.

A finales del siglo XIX sólo existían dos bailes flamencos -el zapateado y las alegrías- más un tercero cuyo origen estaba en América Latina: el tango (que, aunque se ejecutaba en todos los café-cantantes no se consideraba propiamente flamenco). A su vez, había dos grandes tipos de guitarra: las que seguían el formato tradicional (con una cabeza esbelta y curvas pronunciadas) según el modelo creado por Antonio Torres Jurado; y las que tenían forma de pera. Ambas aparecen en una fotografía coloreada de una zambra granadina que puso José Manuel Gamboa que también mostró un dibujo de Antonio Torcuato Martín, el “Cujón”, guitarrista y cantaor gitano al que se le atribuye la conversión de la zambra en espectáculo.

La necesidad de adecuarse a las exigencias de la zambra (en las que, por lo general, hay un sólo tocaor junto a numerosos bailaores) hizo que en Granada se desarrollara una forma especial de tocar la guitarra (siendo sus máximos representantes Los Habichuelas) cuyos rasgos distintivos son una rítmica intensa -con un rasgueado muy fuerte- y una gran riqueza melódica. Esta escuela de la guitarra recurre mucho al trémolo (técnica que consiste en tocar una línea melódica de varias notas consecutivas produciendo un efecto de temblor), algo que, en opinión de José Manuel Gamboa, se debe a que los primeros tocaores granadinos fueron también intérpretes de bandurria y/o de laúd.

Dos cantaores fundamentales del flamenco de finales del siglo XIX y principios del siglo XX son Antonio Grau Mora “Rojo el Alpargatero” (insigne representante de los cantes mineros) y Juan Breva (“el rey del cante malagueño”) del que José Manuel Gamboa eligió una foto en la que está junto al guitarrista Paco de Lucena. Para el autor de Perico el del Lunar; un flamenco de antología, Paco de Lucena, que falleció con apenas cuarenta años de edad, “fue a la guitarra flamenca lo que Mozart a la música clásica, pues llevó al máximo de sus posibilidades -técnicas y expresivas- el toque que se hacía en su tiempo”. Al morir joven, tuvo pocos discípulos y, aparentemente, su estilo se perdió. Sin embargo, cada vez cobra más verosimilitud la hipótesis de que el toque atemporal y sin referentes conocidos de Diego del Gastor puede ser una continuación del de Paco de Lucena. En otra imagen que incluyó José Manuel Gamboa en su presentación aparece Pepe Naranjo, que podría ser el punto de conexión entre Paco de Lucena y Diego del Gastor, pues fue discípulo del primero y uno de los guitarristas que más influyó en el segundo.

Heredero de El Planeta y de Silverio Franconetti, de una época en la que el cante jondo ocupaba un territorio anexo al género lírico, Antonio Chacón fue el principal representante del flamenco clásico. De hecho, en la fotografía escogida por José Manuel Gamboa parece un divo -sereno, elegante, hierático, refinado- que era, en realidad, la imagen que en la época tenían los cantaores flamencos. En dicha fotografía se encuentra junto a Javier Molina, creador de la escuela jerezana de la guitarra flamenca, que configuró los toques actuales por seguiriya y por bulerías y que ha influido de forma decisiva en muchos tocaores posteriores. Frente al clasicismo y la profesionalidad de Chacón, Manuel Torre simbolizó el cante de los “soníos negros” en torno al que se ha construido toda la poderosa mitología del duende flamenco.

En el baile, durante el primer tercio del siglo XX destacan tres grandes figuras: La Argentina, La Argentinita y Vicente Escudero. Antonia Mercé, La Argentina, fue la creadora del “ballet flamenco” y propició la internacionalización del baile jondo, estrenando sus montajes en Francia, Rusia, EE.UU., Japón… Entre otras cosas, colaboró con compositores como Enrique Granados (Goyescas, 1916) y Manuel de Falla (El amor brujo, 1925) y fue la fundadora de la primera compañía flamenca estable (que curiosamente tenía un nombre francés, Les ballets espagnols). Por su parte, Encarnación López, La Argentinita, era una artista muy versátil: dibujaba, cantaba cuplés (grabó con Federico García Lorca una selección de canciones populares españolas), tocaba las castañuelas… Desde muy joven gozó de una enorme popularidad, tanto en España como en otros países, sobre todo en Estados Unidos. Pintor además de bailaor, Vicente Escudero mantuvo una intensa y fructífera relación con los movimientos vanguardistas de la época, logrando mucha más repercusión fuera de España que en nuestro país. “Por ejemplo”, recordó José Manuel Gamboa, “participó en el gran homenaje que se le realizó en Londres a la bailarina rusa Anna Pavlova con motivo de su fallecimiento en 1931″.

Un evento crucial en la historia del flamenco es el Concurso Nacional de Cante Jondo de Granada de 1922 que organizaron, entre otros, Federico García Lorca y Manuel de Falla. José Manuel Gamboa proyectó varias imágenes relacionadas con este evento, desde una fotografía de Antonio Barrios, El Polinario (que regentaba una taberna en la que se solían reunir los intelectuales que organizaron el concurso) hasta una caricatura realizada por el dibujante granadino Antonio López Sancho de la actuación de El Tenazas (el veterano cantaor -tenía más de setenta años de edad- que, junto a un jovencísimo Manolo Caracol, constituyó la gran revelación del certamen).

En esta época comenzó también a fraguarse la llamada “opera flamenca”, expresión con la que se quería dotar de prestigio y glamour a los espectáculos de arte jondo (“vestirlo de limpio, de bonito”) en un momento en el que éstos salieron del ámbito restringido de los café-cantantes para recalar en recintos mucho más amplios como plazas de toros y teatros. El máximo representante de la ópera flamenca (en la que los cantes más interpretados eran los fandangos y fandanguillos) fue Pepe Marchena, aunque ya en 1921 las actuaciones de Pastora Pavón (La Niña de los Peines) se anunciaban como “la gran ópera del cante gitano”. De La Niña de Los Peines (“la cantaora más grande de toda la historia de este arte”), José Manuel Gamboa expuso varias fotografías en las que aparece junto a distintas figuras del flamenco: Arturo Pavón (su hermano), Pepe Pinto (su marido), el cantaor sevillano Manuel Vallejo, el Niño Ricardo (“el principal guitarrista de la época del fandango”), etc.

Como curiosidad, Gamboa también mostró un cartel de una ópera flamenca en la que participó el paquistaní Aziz Balouch, el primer “cantaor flamenco extranjero” que en 1954 escribió un libro titulado Cante jondo. Su origen y evolución donde recomienda, entre otras cosas, que el cantaor sea “sobrio en la bebida” y no cometa “excesos en los placeres físicos”. Paralelamente a la ópera flamenca, se desarrolla el llamado “teatro flamenco”, comedias costumbristas de ambiente andaluz que incluían diferentes cantes y bailes y que tuvieron como sede más emblemática el Teatro Pavón de Madrid (inaugurado en 1925 por el rey Alfonso XIII), donde se estrenaron exitosas obras como La copla andaluza o El alma de la copla (ambas de Antonio Quintero y Pascual Guillén).

En los años treinta, el flamenco no fue ajeno al cisma entre las “dos Españas” que condujo a la Guerra Civil y a cuarenta años de dictadura franquista. Los artistas jondos se posicionaron directa e indirectamente a favor de uno u otro bando. Por ejemplo, entre los tocaores de la época, Manolo de Huelva, que inició su carrera como guitarrista clásico, estaba claramente vinculado a los republicanos, mientras Luis Yance, que incorporó en el flamenco los trémolos de cuatro notas, fue relacionado con los nacionales y murió en 1937 tras recibir una paliza de un grupo de personas que le acusó de fascista.

Tras la victoria de Franco, muchos artistas se tuvieron que exiliar, como Sabicas y Carmen Amaya. De la bailaora barcelonesa, José Manuel Gamboa puso un fotograma de Los Tarantos, la última película en la que intervino y que, según uno de sus guionistas, Alfredo Mañas, era una metáfora de la historia de las “dos Españas”. Otro flamenco que permaneció varios años en el exilio fue Antonio Ruiz Soler -Antonio-, creador de un baile “barroco y curvilíneo” muy alejado del estilo sobrio y abstracto de Vicente Escudero. Antonio introdujo el salto en el baile flamenco (una danza que siempre ha buscado el suelo, la tierra), recurso que fue utilizado posteriormente por numerosos bailaores.

En España, tras la Guerra Civil, las dos grandes figuras del flamenco fueron Lola Flores y Manolo Caracol que como pareja artística realizaron varios espectáculos de “teatro flamenco” como La niña de fuego o La salvaora. En esos años de escasez -material y cultural- también triunfaron cantaores como Juanito Valderrama, Rafael Farina o Porrina de Badajoz que para sobrevivir tuvieron que recurrir a un estilo interpretativo muy efectista y acomodaticio. En una de las imágenes que puso José Manuel Gamboa aparece Manolo Caracol poco antes de morir junto a Pepe Marchena y Juanito Valderrama, “tres de los grandes titanes del cante jondo -dos payos y un gitano- que llevaron el flamenco a numerosos rincones de España”.

En los años sesenta se produjo un nuevo intento de regeneración del arte jondo que se articuló en torno a la figura de Antonio Mairena y que dio lugar a una proliferación de festivales y concursos en distintas localidades andaluzas y de otras regiones españolas (Utrera, Morón de la Frontera, Lebrija, Antequera, Mancha Real, Ojén, Lucena, La Unión…). Antes de que surgieran los festivales, ya se habían puesto en funcionamiento los primeros tablaos flamencos que, en su origen, se crearon con la intención de que hubiera, como en la época de los café-cantantes, un espacio escénico específico dedicado al arte jondo. “Más allá de su dimensión turística”, precisó José Manuel Gamboa, “los tablaos han sido muy importantes en la historia reciente del flamenco, pues en ellos se han formado numerosos artistas y gracias a ellos otros muchos han podido sobrevivir dignamente”.

La década de los setenta fue testigo de grandes cambios en todas las esferas del flamenco. En el toque surgió la figura de Paco de Lucía quien, entre otras cosas, tocaba la guitarra con las piernas cruzadas, algo que los flamencos más puristas consideraban inadmisible (aunque Gamboa mostró una imagen en la que Sabicas y Mario Escudero adoptan la misma postura). De la mano de autores como Salvador Távora, Alfonso Jiménez Romero o Juan Bernabé, el teatro flamenco se aleja de la comedia costumbrista y de los espectáculos de variedades para desarrollar propuestas escénicas mucho más experimentales que, a menudo, contienen un mensaje social y político. En el baile destaca la figura de Manuela Carrasco que se siente deudora de bailaoras como La Macarrona, Carmen Amaya o Pastora Imperio, mientras que en el cante brilla de forma especial Camarón de la Isla que en 1979 (tan sólo dos años después de que Enrique Morente realizara junto a Pepe Habichuela el seminal Despegando) grabó La leyenda del tiempo, un disco que supuso un “paso de gigante” en la renovación del arte jondo y que posibilitó la emergencia del llamado nuevo flamenco en los años ochenta.

José Manuel Gamboa

José Manuel Gamboa Escritor, crítico y productor de flamenco. Autor de Una historia del flamenco y de Perico el del Lunar; un flamenco de antología.